Chile ya tiene EVs. Ahora le falta electricidad
- Vici Instalaciones
- 18 may
- 3 Min. de lectura
El futuro no llegó con estaciones espaciales.
Llegó con un alargador naranja cruzando un estacionamiento subterráneo en Ñuñoa.
Chile llegó al futuro con tecnología del pasado
Un SUV eléctrico conectado a un enchufe diseñado para una aspiradora.
Una luz roja parpadeando toda la noche.
Un conserje mirando el tablero eléctrico como si estuviera desactivando una bomba artesanal.
Así se ve realmente la transición energética chilena.
No como en los comerciales.
Chile está llenando las calles de EVs usando infraestructura del pasado
Hace apenas una semana, según cifras publicadas por EMOL citando datos de ANAC, las ventas de vehículos híbridos y eléctricos crecieron un 103,8% durante 2025 y ya representan más del 10% del mercado automotriz chileno.
El problema es que los edificios no crecieron al mismo ritmo.
Chile quiere parecerse a Noruega.
Pero muchos condominios todavía funcionan eléctricamente como si el peak tecnológico fuera un microondas Panasonic del 2003.
Entonces ocurre algo hermoso y miserable al mismo tiempo:
la gente compra el futuro y descubre que vive en el pasado.
El auto eléctrico no está chocando contra la calle
Está chocando contra los edificios.
Cada semana alguien compra un EV pensando que el sacrificio grande era pagar el auto.
Después llega al estacionamiento y descubre la verdadera experiencia chilena: pedir permiso.
Hablar con administración.
Esperar al eléctrico del edificio.
Escuchar a un vecino decir que “esas baterías explotan”.
Otro reclama que no piensa pagar más gastos comunes “para financiar Teslas”.
Y ahí muere la revolución.
No en la carretera.
En el grupo de WhatsApp del edificio.
La electromovilidad chilena también huele a plástico quemado

Esto no aparece en Instagram.
Los enchufes calientes.
Los adaptadores chinos comprados a medianoche.
Las extensiones cruzando estacionamientos como trampas eléctricas.
Porque mucha gente descubrió demasiado tarde que cargar un auto eléctrico no funciona igual que cargar un iPhone.
Necesita:
potencia,
cálculo,
protecciones,
capacidad instalada,
infraestructura seria.
La propia Superintendencia de Electricidad y Combustibles mantiene normativa específica para electromovilidad, instalaciones TE y sistemas certificados, precisamente porque la carga residencial requiere condiciones técnicas particulares.
Pero el mercado avanzó más rápido que la educación.
Entonces apareció el nuevo personaje chileno: el maestro chasquilla de electromovilidad.
"El wallbox se instala igual que un calefont, jefe.”
Claro.
Hasta que cae el breaker de todo el piso.
El nuevo lujo ya no es tener estacionamiento
Es tener factibilidad eléctrica.
Hace años el estacionamiento premium era el más grande.
Ahora es el más cercano al tablero eléctrico.
El que no necesita romper medio subterráneo para pasar ductos.
El que soporta carga nocturna.
El que administración aprueba sin convertir la reunión del comité en un capítulo de The Walking Dead versión Vitacura.
Porque la infraestructura invisible empezó a decidir cuánto vale realmente una propiedad.
Y eso recién comienza.
El mercado explotó antes de que existiera una cultura eléctrica real
A comienzos de este año, EMOL hablaba derechamente de una “larga lista de pendientes” para la electromovilidad chilena: puntos de carga insuficientes, desconocimiento del consumidor y adaptación lenta de infraestructura.
Porque vender autos es fácil.
Modernizar ciudades es otra cosa.
Mientras las ventas crecían más de 120%, también crecían las instalaciones privadas de carga registradas ante la SEC. Solo en 2025 se inscribieron más de mil instalaciones nuevas de electromovilidad privada en Chile.
Eso significa algo importante: ya no estamos hablando de una moda.
Estamos hablando de edificios completos intentando absorber una demanda eléctrica para la que nunca fueron diseñados.
La ansiedad cambió
Antes el miedo era quedarse sin batería.
Ahora el miedo es peor: comprar un auto eléctrico y descubrir que no tienes dónde cargarlo.

"Las ventas de EV's en Chile aumentaron en un 120%"
Porque la conversación real ya no es autonomía.
Es convivencia.
Es potencia disponible.
Es infraestructura vieja.
Es vecinos votando sobre amperes en reuniones de comité mientras alguien imprime PDFs de la SEC como si fueran evidencia criminal.
La revolución energética terminó convertida en discusión inmobiliaria.
Chile ya llenó las calles de EVs. Ahora viene la parte incómoda
La parte donde descubrimos que la ciudad nunca estuvo preparada.
Los edificios tampoco.
Y quizá ese es el detalle más honesto de toda esta transición: el futuro no llegó como una película de ciencia ficción.
Llegó como Chile suele hacer las cosas.
Improvisando.
Adaptando.
Tirando cables donde se pueda.
Mientras abajo, en los estacionamientos subterráneos, alguien intenta enchufar el futuro usando infraestructura del pasado.
⚠️ Disclaimer: Las opiniones, comentarios y reacciones mencionadas en este artículo corresponden exclusivamente a terceros y no representan necesariamente la postura de VICI. El contenido tiene fines informativos, educativos y de análisis sobre electromovilidad y seguridad eléctrica.




Interesante opinión
👌