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Si los autos eléctricos son más rápidos, ¿por qué no corren en la Fórmula 1?

El Tesla seguía cargando.

Cuando llegamos estaba cargando.

Cuando abrimos la primera cerveza estaba cargando.

Cuando el dueño de casa nos mostró la aplicación estaba cargando.

Cuando nos explicó cuánto costaba recorrer cien kilómetros estaba cargando.

Cuando el amigo de Colo-Colo dijo:

—Ya, pero igual no es un Ferrari.

El Tesla seguía cargando.


Si los autos eléctricos ya son más rápidos, ¿por qué no corren en la Fórmula 1?
Si los autos eléctricos ya son más rápidos, ¿por qué no corren en la Fórmula 1?

Hay gente que compra un auto.

Hay gente que compra una conversación.

El dueño de casa había comprado ambas.

Nos mostró el cargador antes que la parrilla.

La aplicación antes que la cerveza.

Los gráficos antes que la carne.

No lo culpo.

Durante años los fanáticos de los autos tuvieron pósters de Ferrari.

Ahora tienen curvas de carga.

El amigo de Colo-Colo miró el Tesla como quien mira un electrodoméstico demasiado caro.

Aceptó que fuera rápido. Aceptó que fuera cómodo. Aceptó que fuera silencioso. Lo que no aceptó fue que pudiera ser mejor.

El Tesla seguía cargando.

Entonces apareció Ferrari.

No el Ferrari de verdad.

El Ferrari imaginario.

El Ferrari que todos llevamos en la cabeza.

El Ferrari que responde cualquier discusión sobre autos antes de que alguien termine la pregunta.

Durante años la respuesta fue Ferrari.

Entonces apareció un fabricante chino.

Y eso fue más difícil de aceptar que el Tesla.

Mucho más difícil.

Porque un eléctrico puede ser rápido.

Pero un chino no puede ser más Ferrari que Ferrari.

Al menos esa era la regla.

Hasta que dejaron de preguntarle a las reglas.

El dueño de casa sacó el teléfono.

Mostró cifras.

Potencia.

Velocidad máxima.

Precio.

La conversación se volvió incómoda.

No porque los números fueran difíciles de entender.

Porque eran demasiado fáciles de entender.

El Ferrari eléctrico.

Más de seiscientos mil dólares.

El Yangwang.

Menos de la mitad.

Más potencia.

Más velocidad.

El amigo de Colo-Colo terminó la cerveza.

La cerveza es una excelente herramienta para combatir datos que uno no quiere escuchar.

El Tesla seguía cargando.

Durante años Ferrari vendió una leyenda.

Los chinos llegaron con una calculadora.

Nadie hablaba de diseño.

Nadie hablaba de tradición.

Nadie hablaba de historia.

Todos hablaban de números.

Y eso tampoco parecía justo.

Porque nadie pega un póster en la pared por una hoja de cálculo.

El ingeniero permanecía en silencio.

Siempre hay uno.

El que espera.

El que sabe que las personas no cambian de opinión cuando pierden una discusión.

Cambian cuando se quedan sin preguntas.

Entonces apareció la pregunta.

La única pregunta.

—Si los autos eléctricos ya son más rápidos, ¿por qué no corren en la Fórmula 1?

El Tesla seguía cargando.

Nadie respondió.

Porque todos creíamos saber la respuesta. Y porque ninguno la sabía realmente.


El Tesla seguía cargando.
El Tesla seguía cargando.

Durante años nos enseñaron que la Fórmula 1 era el laboratorio del futuro.

Entonces parecía lógico pensar que, si los autos eléctricos eran el futuro, también deberían dominar la Fórmula 1.

Pero un Fórmula 1 y un eléctrico de calle no están peleando la misma pelea.

Uno fue diseñado para sobrevivir unas pocas horas.

El otro para sobrevivir años.

El ingeniero dijo algo parecido.

Nadie le prestó mucha atención.

Estábamos ocupados discutiendo.

El Tesla seguía cargando.

La noche avanzaba.

Las cervezas también.

La conversación empezó hablando de Ferrari. Después habló de China. Después de Fórmula 1.

El amigo de Colo-Colo podía aceptar que Ferrari perdiera una carrera.

Lo que no podía aceptar era que perdiera contra alguien llamado Yangwang.

El Tesla seguía cargando.

Había pasado toda la tarde buscando una grieta.

El defecto. La prueba definitiva de que aquello no era el futuro.

—Igual suena como juguete -dijo-.

Nadie respondió.

Porque era verdad.

Y porque ya no importaba.

Cuando nos fuimos, el Tesla seguía cargando.

No había ganado la discusión.

No había convencido a nadie.

No había convertido a ningún escéptico.

Simplemente seguía ahí.

Conectado a la pared.

Acumulando kilómetros.

Como hacen algunas ideas.

Mientras el resto de nosotros sigue discutiendo si deberían existir.

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08 jun
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