El neolítico no terminó porque se acabaron las piedras.
- Javier Jensen

- hace 6 días
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En los años sesenta, la fotografía a color era un lujo reservado para unos pocos. Los rollos eran caros, el revelado era costoso y la mayoría de las familias seguía inmortalizando su mundo en blanco y negro. Sin embargo, como ocurre con casi todas las tecnologías disruptivas, la masificación cambió las reglas.
A mediados de los años ochenta, revelar fotografías a color ya era más barato que hacerlo en blanco y negro. Lo que durante décadas había sido la opción exclusiva pasó a ser la opción “normal”. En los noventa, el blanco y negro, desapareció del uso cotidiano y quedó relegado al ámbito artístico, nostálgico o profesional.
Hoy estamos viviendo exactamente el mismo fenómeno con los automóviles.
Durante años se instaló la idea de que los vehículos eléctricos eran caros, lentos de cargar y poco prácticos. Al mismo tiempo, se asumía que la bencina seguiría siendo la alternativa económica y conveniente. Pero esa percepción está comenzando a derrumbarse.
La evidencia ya es difícil de ignorar, recorrer un kilómetro en un vehículo eléctrico cuesta una fracción de lo que cuesta hacerlo con gasolina. Además, la energía no llega en camiones cisterna ni depende de complejas cadenas logísticas internacionales. Llega por un cable y este cable transporta energía que puede ser generada de múltiples maneras, no estamos supeditados a sacar crudo del suelo.
Ahora el cambio acaba de acelerarse nuevamente.
BYD anunció sistemas de carga ultrarrápida capaces de cargar de cero a cien en 6 min. Esto más rápido que cualquier carga de bencina.
Cuando las futuras electrolineras carguen más rápido que una estación de servicio convencional, cuando el costo por kilómetro siga siendo considerablemente menor y cuando millones de personas puedan cargar sus vehículos mientras duermen en casa, la discusión dejará de ser tecnológica y pasará a ser económica.
Porque la historia demuestra que las tecnologías no desaparecen cuando dejan de funcionar. Desaparecen cuando dejan de tener sentido económico.
Los caballos no desaparecieron porque fueran malos. Desaparecieron porque el automóvil era más eficiente.
La fotografía en blanco y negro no desapareció porque fuera peor. Desapareció porque el color se volvió más accesible.
El neolítico no terminó porque se acabaran las rocas, solo descubrieron el bronce.
Y los vehículos a combustión no desaparecerán porque la gente deje de apreciarlos. Desaparecerán cuando mantenerlos sea más caro, más incómodo y menos práctico que conducir un eléctrico. Hace años trataron de vender los eléctricos por motivos ecológicos y aunque mucha gente lo hizo para ser más verde, el mundo se cambiará por motivos económicos.
Los niños que nazcan hoy verán un automóvil a gasolina de la misma forma en que nosotros vemos una máquina de escribir: un objeto fascinante, lleno de historia, pero perteneciente a otra época.
Lo que hoy parece una transición tecnológica podría convertirse, mucho antes de lo que imaginamos, en una transformación cultural.
Y cuando lleguen los años treinta, tal vez los vehículos a combustión ocupen el lugar que alguna vez tuvieron los caballos: todavía admirados, todavía presentes, pero ya no protagonistas del Mundo.

Disclaimer:
La Columna de Javier es un espacio de opinión personal. Las ideas expresadas en este texto pertenecen exclusivamente a su autor y no representan necesariamente la visión de VICI. Publicamos estas columnas para fomentar la conversación sobre movilidad, tecnología y transformación cultural.



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