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Nos acostumbramos a celebrar derrotas en la bencinera

En las bencineras autoservicio primero pagas una cantidad estimada y después vuelves a buscar el dinero que sobrevivió al surtidor.


Mi pareja hizo exactamente eso.


Entró molesto. Salió aliviado.


—“Salió menos de lo que pensé.”


Y durante unos segundos los dos actuamos como si eso fuera una buena noticia.

Nos acostumbramos a celebrar derrotas en la bencinera.


Chile importa la mayor parte del crudo que consume.
Chile importa la mayor parte del crudo que consume.

Ese es el nuevo estándar. Como en esas distopías donde el protagonista cree haber ganado porque la máquina decidió dejarlo con vida.


A más de 13 mil kilómetros de Chile, Irán vuelve a aparecer en titulares mientras el petróleo sube por el miedo a una escalada militar. Los analistas energéticos llevan años diciendo lo mismo: basta que el conflicto toque el Estrecho de Ormuz —por donde pasa cerca del 20% del petróleo mundial— para que los mercados entren en pánico. El economista Mamdouh Salameh lo definió hace años como “la arteria más importante del petróleo global”.


Y Chile, que importa la mayor parte del crudo que consume, termina pagando guerras que no pelea.


La escena ya parece escrita por Netflix: un dron despega en Medio Oriente y alguien en Santiago suspira frente al surtidor como si estuviera viendo la temporada final de Black Mirror.


Durante años intentaron vender la electromovilidad como un acto moral: salvar el planeta, reciclar, reducir emisiones.


Pero el verdadero punto de quiebre parece mucho menos romántico.


La gente cambia cuando llenar el estanque empieza a sentirse como pagar una suscripción obligatoria al caos mundial.


Y mientras el petróleo vuelve a tensionarse por Irán, en Chile ocurre algo curioso: las ventas de vehículos electrificados crecieron más de 109% este año y ya representan cerca del 18% del mercado automotor, según cifras publicadas por el sector automotriz chileno.


Como si el mercado ya hubiese entendido algo antes que muchos gobiernos.


El petróleo logró algo brillante: hacernos sentir alivio cuando perdemos un poco menos.

Nos acostumbramos a celebrar derrotas en la bencinera.


Sube tanto la bencina que una pequeña baja genera alivio emocional. Igual que esos memes donde alguien sobrevive a una catástrofe y celebra porque “solo perdió una pierna”.


Y mientras tanto, el petróleo sigue financiando un mundo extraño: Ferraris bañados en oro, ciudades imposibles en medio del desierto y fortunas absurdas construidas gracias a algo que millones necesitan para simplemente ir a trabajar.


No se trata de odiar países petroleros. Se trata de entender un concepto: dependencia.


Porque cuando cargas combustible, no solo compras movilidad. También entras a una cadena global donde guerras, mercados y política terminan decidiendo cuánto cuesta tu semana.


La industria petrolera pasó décadas convenciéndonos de que depender era normal.

Después alguien descubrió que el sol pegaba gratis sobre el techo todo este tiempo. Y de pronto el techo empezó a parecer más útil que el surtidor.


Ya no dependes igual de la bencina, del petróleo, del dólar, ni de conflictos al otro lado del planeta.


Por primera vez en décadas, una familia puede producir parte de la energía que consume y mover su auto con ella.


Hace algunos años eso sonaba como una mezcla entre Blade Runner 2049 y una feria tecnológica. Hoy empieza a parecer sentido común.



En 2026 no gana el que tiene el auto más caro. Gana el que depende menos. Menos del petróleo. Menos de las crisis. Menos de mirar el precio del surtidor con ansiedad como si fuera la cotización de Bitcoin en plena caída.


Quizás por eso el auto eléctrico dejó de parecer una moda ecológica. Porque después de años mirando el surtidor con ansiedad, mucha gente simplemente se cansó de celebrar derrotas en la bencinera.


Disclaimer:


Este artículo contiene opiniones, análisis y referencias culturales con fines informativos y editoriales. Las comparaciones con películas, series o escenarios distópicos son recursos narrativos utilizados para contextualizar fenómenos energéticos y económicos actuales. Las cifras mencionadas provienen de fuentes públicas y reportes de la industria disponibles al momento de la publicación. Este contenido no constituye asesoría financiera, política ni de inversión.

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hace 3 horas
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